Mostrando entradas con la etiqueta bebito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bebito. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de marzo de 2010

Mad Mix machine

Yo de pequeña siempre tuve el antojo de un Emilio. Ese cacharro pseudodomótico que no hacía, probablemente, nada más que llevarte la cocacola a la cocina (y chocando contra las paredes y atropellando al perro, ya me supongo). Pero era un robot. ¿Y qué había mejor que tener una mascota electrónica que no se hiciera ni pipí ni popó y encima no se pusiera gordote de comer todas las sobras?



Pues resulta que he tenido que esperar (un espacio de anuncios para que pueda hacer el cálculo de “cuántos años hace que tenía siete años”) (ok, ya) 15 años para tener un Emilio, ¡¡que encima habla y es muy mono!!


Os pondré en situación. Ayer, tras ver una media de 4 capítulos de Cocó (o Pocoyo), una vez terminado mi plato de comida, Bebito, muy agudo él, se percató de ello. Dijo algo así como (feo, muy feo, en español) “yata” (a lo que yo respondí un corrector, “no more, that’s it”) Y ENTONCES OCURRIÓ. Me quitó el plato, se las apañó como pudo el pobre para escapar de entre las sábanas y bajar de la cama, LLEGAR HASTA LA COCINA E INTENTAR DEJAR EL PLATO EN LA PICA (intentar, porque el pobre no llega).



¿¿¿Podría ser más mono???

No.




Qué de vida, la de los bebitos que te sorprenden

miércoles, 3 de marzo de 2010

Go and take the elephant


(Bebito with no toys on his stroller)

- Why don’t you take the Elephant? Come on sweety. GO AND TAKE THE ELEPHANT.

(2 minutes after…)

- OOOOOOOOOOOOH HAHAHAHAHAHAHAHAHA

(POL TOOK THE ELEPHAAAAAAAAAAAAANT!)



01 de marzo, lunes; el día en el que le dije una frase en inglés a bebito y LA ENTENDIÓ. Podéis apuntar la fecha en vuestra agenda y/o diario personal.



P.D: Esta mañana no la he podido empezar mejor. Por favor, atención a lo que me han mandado:

lunes, 28 de diciembre de 2009

Fin de año, y yo aquí perchando



A veeeeeeeer qué os cuento yo…

(algo navideño seguro)

Porque la pereza que da dejar esto unos días y luego volver…



Empezaré con algo no-navideño como es el gran acontecimiento que se ha dado en el hogar de los S.R: BEBITO HA HABLADO. En inglés (aquí viene el inciso donde cuento que me dedico a hablarle el poco inglés que me invento y practico en secciones como Learning English with Sandra).


Bueno, hablar hablar… el pobre ha hecho lo que ha podido. Y las palabras seleccionadas han sido “wora” as “water” y “cuka” as “cookie”. Y qué de contenta me he puesto. Porque últimamente estoy muy de hermana-guay-que-juega-con-su-hermano-que-podría-ser-un-hijo. A veces le da por llamarme mama. Eso sí, en castellano; que vaya un sacrilegio.

Para que veáis, le compré la cocinita Smoby y fue todo un éxito, porque ahora ha
cemos recetas imaginarias deliciosas y un sonido del agua de lo más real (psss), cuando llenamos la olla o el vaso en el grifo de plástico. Para grabarnos. PERO el regalazo fue… el peluche WINNIE THE POOH. Bebito y Winnie tienen algo muy extraño. No sé si soy yo que lo motivo (where’s Winnie Pol?!? Where’s Winnie?? OOOH WINNIEEEE) o si ya le venía de serie, pero el caso es que siente amor por el adicto a la miel. Pero amor, eh. Lo abraaaza, le da beeesos… y lo tendríais que haber visto cuando vio que tras el papel de regalo aparecía Winnie. Ya no quiso saber nada más de los otros. Ni patinete, ni carrito, ni pocoyo, ni leches. Winnie. Y aún le dura.





También estamos familiares, pero con estas fiestas ya se sabe. Yo hasta compré un calcetín de papánoel para contribuir en este ambiente familiar. Nos fuimos a la nieve. Y esta escena fue muy muy graciosa. Realmente esa mañana de sábado, todos íbamos normales vestidos. Íbamos a la nieve, sí. Pero algo nos decía que debíamos ir vestidos de calle. Todos menos mi hermano el mediano. Él no. Él se cogió su traje de esquí (igual creía que íbamos a La Molina, el pobre), su trineo, su todo… y no sabéis CUANTÍSIMAS burlas recibió el pobre cuando llegamos al Montseny y por haber no había ni aroma a nieve.


Papánoel se ha portado tan bien (relacionando temas como puedo; aquí el conector sería la nieve)… tengo un kit blanqueador dental edición limitada con el que no me para nadie. Incluso me han regalado un papánoel gigante (lo mío y la navidad va muy arraigado). Y mi lote de potingues faciales y corporales. Y ropa. Y un libro. Y un anillo (que me va grande y se ha apalancado mi madre como ha querido). Y la wii fit. Y una colonia. Y chuches. Y… ¿y por qué siempre se olvida uno de los regalos que le traen? Beta amiloide se apodera de nosotros tan pronto?


Con moratones en las rodillas y los músculos más tensados que un muelle en su máximo esplendor (resaca de un día de show), me despido deseando una buena entrada de año y que consigáis robar los máximos caramelos que podáis en la cabalgata de reyes (recordad: cogerlos del suelo no tiene tanta gracia como robárselos a alguien; las peleas en ese evento están legalizadas).




Hace días recordé este juego, y lo viciadísima que estaba antaño, con mi nintendo de antaño, y cuando he visto (mentira, lo he buscado premeditadamente) éste grupo en el facebook... no puedo hacer más que dedicarle un post.

domingo, 18 de octubre de 2009

You'd better be talking about my hairstyle, sweety


No voy a ponerme a hacer una tesis sobre mi pelo, que podría, porque ya estoy cansada de escucharme decir “se me cae el pelo, me voy a quedar calva, yo creo que es estrés, tengo que ir al médico, ya-ya-lo-sé-es-que-no-tengo-tiempo”.

Pero ya hecha la introducción, diré que por fin el viernes me armé de valor y decidí ir a la peluquería. Y durante ese día me di cuenta de que el ser humano es tonto y ya está: ¿por qué odias tu pelo y de repente debes ir a cortártelo y ese mismísimo día crees que es un error, que en realidad te queda preciosa esa melena larga (y alopécica) (inciso: soy de las típicas que exagera UN MONTÓN)? Y te pasas el día mirándote y corroborando lo bonito que es y la locura que vas a cometer. Ese día, que me dio por pensar, también me acordé de lo graciosos que somos cuando salimos del saloon: ¿por qué parece que tengamos las cervicales contracturadas, sin querer mover ni siquiera las pestañas, por si eso nos hace despeinar? Y… qué gustete da ir mirándose por cada espejo de la calle, ¿verdad? Aprovechas hasta el reflejo de los coches…

Llegas a la peluquería cagao perdido. Lo primero que intentas hacer es asegurarte de que la peluquera te entienda. Mi técnica es, antes de que me mojen la cabellera cual pollo, enseñar con mucho arte creativo, cómo quiero exactamente que me lo deje. “Lo quiero así (cojo un mechón y me lo pongo a modo flequillo, ladeado)…jeje (risa de “me he dado cuenta de lo que hago es patético”)… y luego bueno más bien corto, como por aquí (te das cuenta que ni tú misma tenías claro cómo querías el corte)… vamos, ni muy corto ni muy largo (di que sí, qué bien te explicas)… PERO ES QUE CLARO (ya está, tenía que sacar la teoría paranoica), he pensado que si se me cae el pelo y me sale una clapa, pues igual este peinado no es muy acertado…” “a ver, deja que te mire (postura al estilo madre-mirando piojos al hijo)…¡pero si no tienes ni una! No mujer, que te va a quedar bien…” “y otra cosa… no… que… si podrías hacerlo con mucho cuidadito, que soy virgen de alopecia”.


El resto ya fue bien. Hercúleo porque fui con mi bebito cual maruja total, y se portó muy bien. Tan bien que desde el momento en el que la artista de los pelos me hijo el masaje en la bañera para cabezas, le cogió la narcolepsia dando cabezazos… para acabar dormidito en el carrito, posteriormente a zamparse la bolsita de ositos azucarados de la peluquera.

Y quién me mandó a mí hablarle de la evolución a la trabajadora…

miércoles, 9 de septiembre de 2009

The one who lost her slipper at the ball last night


Yo me levanto por la mañana y es como ponerle el play a Cenicienta.

No es que me aparezcan pájaros (gracias a dios), ni que me laven unos ratones (no, por suerte), ni que me ponga a canturrear cual princesa Disney (lástima). Es por aquella cara boba de felicidad incomprendida. ¿Es porque voy a desayunar? ¿Es por ese bol inconfundiblemente de flores negras en el borde, repletito de cereales crujientes de asquerosos dos coma cuarenta y pico euros, sumergidos graciosamente en leche desnatada a temperatura de 13 grados? Puede ser. Pero diré que no porque queda muy superficial y poco filosófico (lo intelectual se lleva).


Últimamente llevo estilando la moda de dormir con un bebé. No hace falta robarlo a la vecina, es que yo tengo uno (bueno, mi madre). Y, cuando llegan las 23.00 ya puedo empezar a planear el secuestro.


  1. El bebé tiene que estar muy mono, cual osito de peluche altamente achuchable. Para este punto no hace falta mucho, puesto que ayer estaba repleto de tomate con queso e igualmente lo taché de adorable (ya ves tú, quién iba a estar hermoso emulando a un plato de spaguettis).
  2. El bebé debe llevar un chupete para que el acto de dormir se realice de forma sencilla. No llevarlo consigo puede acarrear consecuencias como ataques de risa inaguantables por parte del feto, mover la pata cual estereotipia y que le dé el ataque de risa inaguantable al adulto, conducta motora sobreactivada por parte de ambos, sueño post-noche al trabajador de turno, que también suele ser el adulto.
  3. Concienciarse de que se va a dormir con un bebé para: a) evitar las escapadas nocturnas al Roca sin previa muralla de almohada que le impida al bebé el paso de croqueta improvisada hacia el suelo; b) evitar movimientos bruscos que puedan aplastar al minicuerpo infantil en la macrocama adulta; c) asegurarse de que, al día siguiente, no se ha dado a la fuga.

Y la parte del día siguiente es la mejor. Porque, aunque hayas pensado en el punto 3 thoroughly, por la mañana no lo recuerdas (maldito sueño REM). ¡Y es como ser un pez, que al cabo de 1’5 segundos olvidan! Para ti todo es nuevo, y te levantas con la sonrisa de oreja a oreja al ver al menudito con esa postura tan azucarada, esos bracitos rechonchitos, esos mofletes suaves que buscan besitos incontrolados…


Después de eso, activo el metabolismo con comida durante 20 minutos (comer dos raciones de cereales conlleva su tiempo) y posteriormente me maldigo por tener sólo 10 minutos para arreglarme. Y no aprendo.

Aunque luego, antes de las 8.30 (mérito) ya estoy sentada en la silla donde me encuentro ahora, preparada para decir aquello de “hola, secretaria dels cursos a distància, bon dia”.


Qué vida, la de los despertares.


P.D: Este año, quiero preparar Halloween y disfrazar a bebito de algo de Martha Steward.